Es tajante el sentir general sobre costumbres y visiones del mundo. Al conversar sobre tradiciones uno escucha frases como ´así era hace muchos años, ahora somos modernos´. Nos encanta el éxito tecnológico y la comunicación instantánea. Si algo no brinda ´progreso´, entonces no vale. Durante este 2020, están cambiando las actitudes y sensibilidades. Ante pandemias sanitarias, de hambre y desempleo, de fragmentación, de incesante protesta y malestar social, se están replanteando actitudes fundamentales, tales como de dónde se viene y hacia dónde estamos yendo.

 

  • ¿Atraso autóctono, y, desarrollo irrestricto?

La mentalidad contemporánea prioriza vivencias intensas, instantáneas. Vale lo novedoso. Las cosas y hasta las personas son desechables. Hay que reinventarse. Nos ilusionan con un desarrollo ilimitado y cuasi mágico.

Hay dichos tajantes: ´tengo sólo el presente y eso es lo que me interesa; no vivo ni en el pasado ni en el futuro´ (1). El ámbito científico ofrece buenos debates sobre preferir el presente (donde sería acumulado y asegurado el progreso); también se discute la actitud de no asumir procesos extensos y pausados (que serían inútiles). En términos generales, hoy es arduo asumir causas históricas. El pasado (y en especial lo indígena) es visto como subdesarrollo y época de mucho atraso.

Por otra parte, la mayoría de las personas siente que conviene ´darle tiempo al tiempo´. Aunque nos caracteriza el quejarse, se sigue adelante con lo que hay. Otra actitud muy significativa es encarar carencias y fragilidades, dando la mano al prójimo. Además, en situaciones complicadas la población es capaz de tener buen humor y hasta de gozar pequeños alivios. Sobresalen talentos de gente mayor y de la juventud, que solucionan problemas, tienen actitudes generosas e instancias espirituales que dan paz. Todo esto contribuye a tener una cosmovisión positiva. Así, urgencias de cada día son vistas como partes del largo caminar humano.

Las grandes crisis son incomodas, pero abren ojos y despiertan estrategias. En el contexto chileno, personas mapuches encaran la pandemia desde su propia cosmovisión, “se la entiende como el resultado de una mala relación entre especies al interior de esta casa grande que es el planeta; se debe a la transgresión de espacios sagrados como el mar, cerros, lagos, ríos, cada machi realiza rituales y ceremonias de sanación”; y, “pescadores artesanales del ancestral territorio Mapuche-lavkenche obsequian pescado a la gente de la comuna; y demuestran la capacidad de autoalimentación, en equilibrio con el medio ambiente” (2). En ollas comunes, en Freire, han distribuído 10 mil kilos de hortalizas y de harina (3).  En Icalma (Lonquimay), en Tirúa (Arauco) y otros territorios la comunidad autóctona establece barreras sanitarias y auto-cuarentenas. Son sabias acciones con calidad ancestral y también actual.

En términos generales, ha sido redescubierto el apoyo mutuo que sana penas e incertidumbres. Se transmite el emblema ´sólo el pueblo ayuda al pueblo´. Se reconoce lo obvio: no somos individuos autosuficientes. Abunda el coraje solidario, ya sea en las masivas protestas del 2019, ya sea en acciones ante enfermedades y empobrecimientos el 2020. Además, en estos meses sufrientes y catastróficos se acentúa el saludar y despedir a los demás diciendo ´que estés bien´ -con una mirada y voz cálida-. Esto es un modo generalizado de superar el desaliento y el darnos ´bendiciones´. Así es sanada muchísima gente agobiada, deprimida.

Ante pesadumbres y reclamos de vida (y en particular en medio de largas cuarentenas y confinamientos) rebrota un realismo. La promesa de desarrollo incesante ya no es creíble. Más bien nos convienen rutas de carácter corporal, político, espiritual. Un saludable imaginario conlleva ancestralidad y visiones de bienestar con potencial alternativo. ¿Quiénes nos adelantan en dichas rutas con imaginarios factibles? Los pueblos, desde hace mucho tiempo, exigen dignidad. Esto es representado (unas líneas más abajo) por la líder mapuche con mascarilla y bastón, y por Clotario Blest -impulsor de la Central de Trabajadores y baluarte de derechos humanos durante la dictadura-.

 

 

  • Sentir-pensar local y encrucijada mundial.

El ayer y el hoy son inseparables. No vale presuponer que asuntos ancestrales y contemporáneos sean incompatibles. Ni vale segregar lo particular de lo universal. El tiempo avanza y retrocede; es rápido y es pausado. Abuelos y abuelas son enciclopedias orales que hacen sentir-pensar el ayer y el hoy. Además, se constata que muchas tradiciones (y en especial las indígenas y mestizas) están cambiando. Lo actual va ensamblándose con lo ya vivido y se va encaminando con deseos del porvenir. Se entrelazan herencias junto con expectativas. No se trata de escoger el ayer o el hoy. Más bien, la cuestión es sobrevivir, y a la vez encarar encrucijadas, y atisbar el mañana.

Entre lo particular y global, cada persona va enfrentando desafíos. En Chile (y en el continente) las voces autóctonas tienen creciente peso ciudadano en la segunda parte del siglo 20. Con respecto a sectores provincianos, estamentos y clases medias, mayorías mestizas, aunque se les hacen homenajes, la verdad es que sistemáticamente son postergadas. Esto sobresale en relatos vivenciales, biografías, literatura y arte. Ojalá cada voz autóctona y mestiza, y tanta actividad ciudadana, sea tratada con dignidad. Al no ser así, cunden protestas, marchas, miedos, sentimientos reprimidos.

En la zona de Temuco, Elisa Avendaño Curiaqueo fue educada en su comunidad, ha resistido a la dictadura; luego fue dirigente social en Centros Culturales, y en Ad-Mapu; y también ha sido maestra de juventudes. “Soy una mujer más de la gran comunidad mapuche, de la que ha luchado por la causa de su pueblo en forma seria y honesta, porque no me gusta jugar con mi gente… no es por obtener el poder, es por vivir dignamente, por el reconocimiento y respeto hacia nuestra cultura que proviene de nuestros ancestros” (4). Éste y otros relatos transmiten valores monumentales.

La actual pandemia del coronavirus ayuda a sentirnos seres del universo. Al formar parte de habitantes del mundo por más de 100 mil años, se van acumulando desafíos al interactuar con el medio ambiente, al participar en violencias sistémicas, al favorecer discriminaciones, al cerrar los ojos y no ver un planeta gravemente enfermo. A fin de cuentas, somos habitantes y sobre todo huéspedes (y no dueños) de una tierra que nos cobija y brinda vida. A muchísimas personas (y también ha pasado en mi formación) nos han inculcado usar el medio ambiente y aprovechar la capacidad de los demás.

No sólo ha ocurrido eso. Las tradiciones con ética y el cotidiano buen ejemplo de tantas personas van afianzando otra cosmovisión. Es un sentir-pensar con respeto y moderación, que forma parte del pasado y del presente. Cabe recalcar que no sólo es un modo de ver el mundo. Principalmente es una acción con sustento ético y emocional. Es hermoso hacer el bien a los demás y a uno mismo. Al deambular en ámbitos marginales uno constata la habilidad para ganar el pan de cada día sin aplastar al prójimo. Además, un saber sobrevivir en medio de bloqueos emocionales, de epidemias sanitarias, de crisis socio-políticas.

Ahora bien, la cuestión es para donde va este inestable mundo moderno. Es una cuestión desgarradora, planteada en torno a constantes conflictos armados, y en torno a la creciente desigualdad e injusticia en el mundo. Hay también convulsiones planetarias, asimetrías entre culturas, omnipotencias políticas, idolatrías de cosas innecesarias, lineamientos patriarcales, postergación de juventudes. En cada ámbito hay interminables penurias, y allí brotan interrogantes de fondo. Por otra parte, se cuenta con logros científicos y tecnológicos incuestionables. Se han abierto horizontes mediante la etnohistoria, biología, medicina, física cuántica, neurociencias, etc. Aunque el planeta está enfermo, abundan recursos para sanarlo y sanarnos. A ello contribuyen visiones y sensibilidades milenarias.

Los medios masivos inculcan un optimista desarrollo mundial, y ocultan la nefasta ´cosmovisión´ de ganar más y más (¡unos pocos a costa de muchos!). En cada contexto y coyuntura se palpan dinamismos autodestructivos, como el maltrato medioambiental, el criminal narcotráfico, el armamentismo mundial, un trivializado ´ser feliz´, el imperio del individualismo, la digitalización con rígidos controles y fabulosas ganancias.

A fin de responder para donde va este mundo, es necesario insistir en encrucijadas y en necesarias opciones. ¿Es sustentable lo que predomina a nivel mundial? No lo es. ¿Existen alternativas? Son pequeñas y fragmentarias.

Hay intermitentes y muy diversas formas de rebeldía. Ante potentados y ensordecidas instituciones (sociales, religiosas, simbólicas), buena parte de la ciudadanía (y en especial la juventud) ni les creen ni se someten a sus normas. Las encuestas de opinión indican el desconfiar del orden establecido. En parte parece ser un estar insatisfechos dentro de la sociedad de consumo. Más significativo es el justo reclamo ante inequidades a nivel local y global. Todo eso requiere discernimiento. ¿Será una crisis civilizacional? ¿Serán sectores medios y pobres ilusionados -y a la vez frustrados- con el ´progreso´? Ya que hay tantísima maldad y corrupción, a menudo brotan ambivalentes clamores. Loa buenos deseos son reorganizar el mundo cotidiano, aportar a imaginarios a favor de la justicia, confiar en responsabilidades compartidas.

En estas críticas condiciones humanas y medio ambientales, ha sido providencial el llamado a conjugar cambios radicales y espiritualidad. Esto lo ha incentivada Francisco y su acento en cuidar la Casa Común. La ecología integral conlleva multiformes acciones y una incesante y radical conversión.  “El gemido de la hermana tierra se une al gemido de los abandonados del mundo, con un clamor que nos reclama otro rumbo… estamos llamados a ser los instrumentos del Padre Dios para que nuestro planeta sea lo que él soñó al crearlo…” (Laudato Si´, 2015, párrafo nº 53). Se trata de responsabilidad y mística, que culmina con orar “por nuestra tierra” (Laudato Si´, n° 246), y que es ecuménica, humanista, cósmica. La oración va dirigida al Espíritu -en el universo y en lo más pequeño- que nos envuelve con su ternura. Tal mística convoca a cuidar la vida y la belleza, no dañar a los demás, ser solidarios con pobres y olvidados.

La humanidad se halla en encrucijadas. Al decir de Pedro Casaldaliga: “nuestra alternativa es: vivos… o… resucitados” (5). El apego al don de vivir nunca es suprimido. Como lo expresa el sabio Pedro Casaldaliga (al borde de la muerte) es posible y deseable ¡vivir o resucitar! No es palabreria. Es un clamor orante, desde lo profundo de la creación divina y presente en cada persona. A mi parecer, se trata de un sentir-pensar universal, con mediaciones de carácter evangélico, y con trayectorias ancestrales.

 

  • Ancestralidad latente y vigente.

Al hablar de ´cosmovisión ancestral´ pueden haber malentendidos; lo primero es considerado mítico; lo segundo es visto como retrógrado. Vale confrontar tales prejuicios. ¿Cómo? Constatar que en una ´cosmovisión´ lo humano forma parte del gran entorno que nos envuelve. La cuestión ancestral es un ´hoy´ inseparable del ayer, vale decir, estamos conectados con los demás, con antepasados y parientes, con antecedentes de lo que ahora ocurre (6). Se trata pues de procesos biológicos, afectivos, sociales, espirituales.

Pues bien, ¿qué enseñan los ancestros y las cosmovisiones en cada región de nuestro continente? Anoto unos rasgos. Los encadenados antepasados afro-americanos han luchado por su dignidad y han generado vínculos solidarios y artes emancipadoras. Pueblos mayas y quechuas han gestado civilizaciones del maiz y prácticas de reconciliación. (Casos que he presenciado: una mujer maya explica que para que en Centro América haya paz tiene que haber reparación, y como los asesinos de su padre no piden perdón, ella lo hace a nombre de ellos. Otro caso: ritual en las alturas del Cuzco en que ancianos de la comunidad deciden el castigo a un abusador y le dan consejos). La población guaraní hasta la actualidad cultiva la sacralidad de palabras confiadas entre personas (en lugar de papeles). En el Caribe hay sociedades pluriculturales con tensiones y a la vez con capacidad de coexistir. Comunidades mapuches atesoran proverbios, como re we lelay tati (eso no es así no más); ellas trasmiten siglos de relativa autonomía y terca sabiduría (7).

Los pueblos andinos me han enseñado a ver lo moderno conjugado con sus costumbres, sensibilidades, amenazas. “Tienen tradiciones vigentes y van ensayando posibilidades de vida vinculadas dialécticamente con el progreso contemporáneo; sus raíces parecen frágiles en comparación con la avasalladora tecnología y bienes de consumo; es una estrategia implacable de modernización; gran parte de la juventud es arrastrada por esa estrategia” (8). En términos generales, está siendo devaluado lo ancestral. Opino que no conviene idealizarlo ni intentar ´recuperarlo´. Más bien, vale su reconfiguración, al interactuar con otros sectores de la sociedad. La manera andina de vivir es eficiente y es pausada, es laboriosa y es festiva, asume tecnologias de punta y a la vez reproduce ciertas tradiciones.

La población andina se encuentra hoy principalmente en espacios urbanos y centros laborales, y allí muchos retoman costumbres tales como hacer ofrendas a la tierra para obtener vida, trabajo, salud. Cada proceso de migración (con su ambivalencia) manifiesta un entrecruzamiento cultural. De modo especial ocurre en las metrópolis; se ingresa a lo moderno y se retoma periódicamente a lo propio. Con respecto al ser ciudadano progresista, se desarrolla un ´ir y volver´ entre mundos, como ocurre en muchas regiones del continente (9). También continúa creciendo la migración virtual, tecnológica, imaginaria, emocional.

Al recalcar herencias ancestrales y su mayor o menor vigencia (según regiones y procesos locales) no puede olvidarse el macro contexto de colonialidad, con sus mecanismos de manipular, integrar, agredir a juventudes indígenas y mestizos. Estas personas son pues portadoras, tanto de sus talentos y resiliencias, como de humillaciones, heridas de muerte, ansias de vida.

La llamada cultura latinoamericana alberga tensiones internas; ella tiene dinamismos de gozo, dignidad, libertad. También tiene factores de subordinación a quienes manejan el mundo. Por otro lado, es problemático el modo de emplear el fascinante instrumental e imaginario tecno-científico que promete resolver y explicar todo. En estos contextos de oscuridad y luminosidad, vale apreciar la ancestralidad como un amplio y heterogéneo territorio. Vale cada esfuerzo para que logros socio-culturales amerindios sean intercambiados con otros modos de sentir-pensar el mundo. Es admirable el modo de transitar entre varias cosmovisiones. Esto forma parte de los mestizajes en América Latina; ello se masifica y radicaliza en trayectorias de la juventud. Las nuevas generaciones con ojo crítico evalúan lo ancestral.

 

  • Ponderar y regenerar cosmovisiones

Las cosmovisiones no yacen en cementerios. Hoy ¿cómo nos afectan los ancestros y sus modos de ver y generar vida? Esta pregunta no se refiere a productos exóticos ni a indígenas idealizados. Vale indagar cómo formas ancestrales (que han ido cambiando, y, que continúan siendo re-elaboradas) coadyuvan a humanizarse. Cabe sopesar lo que ocurre ahora.

Saberes y vivencias -en medio de poblaciones tradicionales- han ido transformado a muchas personas (y también es mi caso). Abren los ojos y crean vínculos. No pueden resumirse. Enuncio un poco de lo vivido. Sobresalen modos de encarar la enfermedad y sanación natural y ritual, asociaciones al soportar crisis gigantescas (como esta caótica pandemia del 2020), creencias y celebraciones que son católicas y evangélicas (en las que subyacen tradiciones amerindias), iniciativas de apoyo mutuo ante carencia de alimentos, empleos, contactos esenciales. El reconocer la muerte de modo tradicional, y no esconderla, ni maquillarla. La atención a los demás, sin lo egocéntrico y exitista que asecha por todas partes. Esto (¡y tanto más¡) emerge al interior de la amerindia mestiza y moderna. Se trata de magníficas y relevantes cosmovisiones ancestrales que continúan evolucionando.

En ámbitos laborales y en festejos ciudadanos a veces son incorporados ritos tradicionales. Uno lo presencia, por ejemplo, en zonas indígenas chilenas, que incorporan formas mapuches; en forma similar ocurren costumbres de oración andina, como es cada ´challa´ de ofrenda a Pachamama y convivencia humanal. La ´ch´alla´ es una libación y celebración sagrada en situaciones de importancia, La imagen, que proviene de la región aymara, es una invocación a la vida, brindando unas gotas sobre un tejido para que haya un buen vivir.

El bellísimo arte tejido, con su modo de entender el mundo mediante colores y figuras, constituye una magnifica biblioteca ancestral y vigente (10). Las artesanías son más que un medio para ganar ingresos; la historia personal y comunal, la mitología y espiritualidad, se vuelcan en colores y urdimbres.

En los espacios latinoamericanos emergen antiguas realidades renovadas (y también desaparecen muchas costumbres). Aunque sean pequeñas las herencias autóctonas, la verdad es que son fundantes. Afortunadamente tenemos fases de cristianización y hay ambivalentes sincretismos. Sin ser ahora un ´continente´ católico, se atesoran y reconstruyen ritos y valores de carácter católico que no discriminan. En el terreno cultural abundan signos de tolerancia; que implican convivir sin absolutizar lo propio. Crecen sectores llamados no creyentes que cultivan la autogestión espiritual. Se va generalizando el cuidar un medio ambiente y una economía sustentable. De nuevo afloran milenios de armonía con la naturaleza. Las nuevas generaciones prefieren ceremonias de carácter artístico y cultural en que se siente lo transcendente. Hay pues una gama de visiones del mundo, con signos potentes y explícitos a favor de la vida. Dichas visiones en mayor o menor medida impactan iglesias e instituciones religiosas; y en parte logran que lo espiritual sea relevante y sin exclusiones. El día a día profano paradojalmente está lleno de invocaciones sagradas.

 

  • Voces de alerta y de aliento.

El escenario contemporáneo es invadido por lo trivial y egocéntrico, algo que abunda de modo peculiar en quienes tienen necesidades básicas satisfechas. Disminuye y hasta casi desaparece lo comunitario ritualizado. Byung-Chul Han (filósofo no-creyente) lamenta la devaluación de ritos comunitarios, porque cada uno se produce y representa a sí mismo, y lo normal parece ser la adoración del yo (11). Desde otro ángulo, Daniel Gutierrez confronta una extraña sacralización: “el progreso tiene en su parte constitutiva elementos mágicos, míticos y religiosos que lo fundamentan”; la publicidad presenta “artefactos mágicos auspiciados por los poderes de la técnica… Los artefactos nos proporcionarán la felicidad y el bienestar que se está buscando” (12). Con estas fantasías han sido catalogados, por ejemplo, el artificial “milagro económico brasilero” de los años 70 y 80, y en Chile, a comienzos de este siglo, un democrático y espectacular “progreso” (que derivó hacia la masiva rebelión del 2019-2020). Es un progreso ahora cuestionado por sectores pobres, medios, ascendentes.

En la dramática época actual ¿se ponderan cosmovisiones con algún rasgo ancestral, y con alguna fuerza alternativa? Una respuesta afirmativa brota del sentir y accionar en numerosos espacios. El griterío ciudadano, el tocar cacerolas, etc., indican malestar, protesta pacífica, deseos latentes de rehacer el mundo; es lo que sobresale, aunque hay vandalismo y hay crimen.

Se difunden temáticas e iniciativas que dignifican. Como sugiere Gastón Soublette (13), llega a su fin el capitalismo del progreso ilimitado, que dominó la mente del mundo, y volvió loca a la humanidad a través de la tecnología y el crecimiento económico; esta visión utilitaria ha envenenado la mente moderna que está enferma y engañada por mitos de progreso y crecimiento ilimitado. Pero (como advierte Soublette) sólo hasta cierto punto la gente aceptó dicha mitología, al darse cuenta de su malestar crónico, estar urgido por el tiempo útil, abusado por cierto poder económico y político. Muchos se dan cuenta de que el mito del progreso es una mentira. Por otra parte, se desconoce lo más sagrado que nos envuelve. Con respecto a relaciones en el ecosistema planetario, una cultura alternativa observa cuál es el plan maestro de la naturaleza, que tiene millones de años. Vale volver a lo que nuestros antepasados llamaban la sabiduría. La visión utilitaria del mundo ha estado negando la trascendencia. (Pido disculpas al maestro Soublette por consignar sus escritos). Es un visionario, a los 90 años.

De la modesta y tan creativa corriente teológica autóctona ha estado brotando mucho clamor visionario. Eleazar Lopez, en estos contextos de pandemia, advierte: “la sabiduría ancestral ha llegado a la conclusión de tener de su lado a Dios… Es el momento de superar el yo individualista para volver al nosotros comunitario que puede convivir en armonía con Dios, con la Madre Tierra y entre nosotros… Actuando así se hará realidad el No temas esta enfermedad ni otra enfermedad o angustia ¿no estoy yo aquí que soy tu madre? (Nican Mopohua, n° 75)” (14). Esto alienta a poner manos a la obra.

 

  • Sigamos conversando.

En medio de controversias, expectativas, penurias, clamores solidarios, he indicado vínculos entre lo ancestral y lo actual. El conversar sobre cosmovisiones implica hacer distinciones. Cuando estrategias de progreso implican postergar a gran parte de la humanidad y expoliar el medio ambiente, nos autoeliminamos. Cuando hay proyectos locales/globales de bienestar integral, y cuando son escuchadas las sabidurías milenarias (junto a otras), aparecen antiguas/nuevas rutas de civilización. Sigamos conversando.

Elicura Chihuailaf ha estado enviando mensajes potentes. Uno de ellos: “mi gente dice que somos hijos e hijas de la Madre Tierra… Es en esta época, ahora, cuando tenemos que descolonizarnos y regresar al arte de la Conversación, nos están diciendo nuestras Ancianas, nuestros Ancianos. En el círculo del tiempo nuestro futuro es el pasado pletórico de aire limpio, bosques, ríos, piedras, pájaros, peces, insectos, animales, seres humanos y estrellas. Un pasado y un presente que se han nutrido también con todas las transformaciones que todos los organismos vivos asumen en su condición de tal, para adaptarse –respetando las normas de la Naturaleza– y ser parte de una gran comunidad que, en sincronía, sigue respirando” (15). Se conversa dentro de la tierra entre humanos y con todo ser viviente.

Cuestiones tales como ´de donde se viene´ y ´adonde estamos yendo´ hacen arder el corazón, y todo lo que da vida, y donde somos huéspedes con responsabilidad de tales. Un creer en la vida corresponde a cada entidad del universo. Por nuestra parte, cabe confrontar egocentrismos camuflados, y sobre todo valen cosmo-visiones-acciones con su ética co-relacional.

Con respecto al creer en la vida, no es simple emoción subjetiva. En la tradición cristiana, el acontecer personal, comunal, histórico, ofrece señales del Espíritu. Son signos en todo el pasado y todo el presente, que traspasan culturas y religiones. Como existen milenarios itinerarios humanos hacia la vida en plenitud, en ellos es recibida la convocación evangélica y es llevada a cabo la humilde responsabilidad eclesial. Cabe pues escuchar y dialogar a fondo, asombrarse y compartir silencios, reconocer plurales transcendencias.

Se entrelazan recursos ancestrales e invenciones de hoy. Están latentes; están emergiendo. Son asumidos saberes nuevos, a veces contrapuestos y a menudo simbióticos, y también llenos de preguntas. Se trata de asuntos cotidianos, laborales, etno-históricos, artísticos, afectivos, corporales. Esto impide ver las ´cosmovisiones´ como grandilocuentes y estáticas. Concretamente es ponderado el pasado y el presente, al poner atención a lo que entienden y sueñan pueblos tradicionales. Un modelo planetario de progreso y autoexaltación está decayendo. Cabe pues ponderar el ´donde estamos yendo´. Así lo hacen los plurales recursos de la humanidad y los impulsos transcendentes que nos movilizan.

Text: Diego Irarrazaval 

 

Notas:

1) Frases atribuídas al prolífico Paulo Coelho, autor de El Alquimista (1988), una novela traducida a decenas de idiomas, y con más de 50 millones de ejemplares vendidos. 

2) Véase “Pueblos Indígenas ante la pandemia del COVID-19”. Observatorio Regional de Derechos de los Pueblos Indígenas, primer informe regional, 2020, pgs. 33-34. https://www.alainet.org/es/articulo/206407  El antropólogo Jesús Antona ha recopilado la información difundida en Chile: Jesús Antona B., “Los mapuche y el coronavirus a través de sus medios informativos” (3/mayo/2020).

3) Periódico Digital El Mostrador1/6/2020: “Comunidades mapuches donaron 10 mil kilos de comida para ollas comunes en La Araucanía” (Harina y hortalizas, como informa Cristina Loncón, representante mapuche de Freire; con apoyo de SEREMI y trasporte por Ministerio de Agricultura). 

4) Relato “Kiñe Xekan Mogen”, en Un Paso en la Vida. Crónicas de mujeres construyendo futuro, Santiago: Chile-América, CESOC, 2007, pgs. 34, 38; es un minucioso relato que abarca toda su vida. Véase otra actividad pedagógica: Daniel Quilaqueo, “Saberes educativos mapuches: racionalidad apoyada en la memoria social de los kimches”, Revista Ateneo, n°505, 2012, 79-102.

5) Pedro Casaldaliga, Todavía estas palabras, Verbo Divino. Estella, 1994, pg. 98 (anotado como un proverbio; de hecho, así es la vida del poeta-obispo). 

6) La predisposición moderna de quiebres con el pasado incluye abandonar cosmovisiones llamadas tradicionales (de generaciones pasadas, de indígenas, de gente considerada carente de desarrollo). Al sobredimensionar ciencias y filosofías se tiende a devaluar mitos, lenguajes artísticos, saberes alternativos. Los pueblos originarios nos enseñan que el pasado coexiste con el presente, las tradiciones son reconfiguradas, antepasados y parientes mayores son significativos, lo ancestral persiste de modo étnico, político, filosófico, emocional. Véase la perspectiva del ´desarrollo endógeno sostenible´, en Jorge Bilbao, ed., Cosmovisión indígena y biodiversidad en América Latina, Cochabamba: Poligraf, 2001.

7) Proverbio en portada de obra de Ziley Mora, Filosofía Mapuche (Concepción: Kusche, 2001); ver su Newen. El poder de la espiritualidad mapuche (Santiago: Urano, 2020, con 57 epigramas mapuches).  

8) He anotado recias problemáticas y posibilidades -hace 30 años- en Tradición y Porvenir Andino (Lima: Tarea, 1992, pgs. 12 y 24). Un riguroso estudio sobre lo andino y lo occidental: Josef Estermann, Filosofía Andina (La Paz: ISEAT, 2006) que recorre todas las dimensiones de la existencia.   

9) Véanse experiencias marginales de ir y venir andino en Koen de Munter, Nayra: ojos al sur del presente, (Latina: Oruro, 2007), en Nico Tassi, Cuando el baile mueve montañas (Praia: La Paz, 2010, 145-6), que analiza la economía y ritual en una gran fiesta católica donde crece el poder cholo-mestizo. La migración caracteriza a regiones centroamericanas y caribeñas.

10) Sobresale la labor de Elvira Espejo (en colaboración con Denise Arnold y Juan de Dios Yapita), que cultiva el arte oral, textil, documental; véase su Ciencia de tejer en los Andes, La Paz: ILCA, 2012 (y la obra de Verónica Cereceda en Chuquisaca, De los ojos hacia el alma, La Paz: Plural, 2917).

11) Vease Byung-Chul Han, La desaparición de los rituales, Barcelona: Herder, 2020. Su actitud puede resumirse con un descubrir nuevas formas de acción y juego colectivo que vayan más allá del ego, del deseo, del consumo, y que van creando comunidad. Byung-Chul añade que la comunidad es fuente de felicidad.

12) Daniel Gutierrez (comp.), Religiosidades y creencias contemporáneas, Zinacantepec: Colegio Mexiquense, 2010, pgs. 193, 201. No es una postura anti-progreso, sino a favor del bienestar sustentable y sin engaños.

13) A los 93 años de edad Gastón Soublette publica Manifiesto. Peligros y oportunidades de la megacrisis (Santiago: Ediciones UC, 2020); retomo elementos del sapiencial ´manifiesto´ (que enciende buenas conversaciones).  

14) En la modesta/profética teología de pueblos originarios sobresalen voces de Ernestina Lopez y de Eleazar Lopez; las frases citadas son del presbítero zapoteco Eleazar Lopez, en junio del 2020. El 2006, el V Encuentro de teología india ha girado en torno a ´La fuerza de los pequeños es vida del mundo¨ (publicación del V Encuentro, en Manaus, en Ed. Verbo Divino: Cochabamba, 2008).

15) Elicura Chihuailaf, Conferencia “La vida es una nube azul”, Revista Dossier n° 37, 2018, pgs. 120 y 125 (Universidad Diego Portales). Véase también De sueños azules y contrasueños (Santiago: Universitaria, 2000). El gran poeta cuenta: “mi abuela nos contaba historias de dónde viene el espíritu mapuche, que viene del azul y no de cualquier azul, sino del azul del oriente, de donde se levantan la Luna y el Sol. Eso nos ponía en contacto con el universo también. La observación de las estrellas con mi abuelo” (Entrevista, Sección Sábado, El Mercurio 27/6/2020, pg. 8.)