COSMOVISIÓN

Estamos generando colectivamente, un nuevo relato civilizatorio, una cosmovisión. Es un momento excepcional que requiere darnos plenamente a la época, dar lo que cada uno puede aportar de forma única, a esta transformación. Vivimos un nuevo comienzo.

LA RUEDA COMO GUÍA

Reconstruir una cosmovisión que nos ayude individual y colectivamente a resolver los retos actuales.

El mundo que tenemos es el resultado de una interpretación construida durante la modernidad y como consecuencia de la revolución científica y el capitalismo industrial. Una visión marcada por la separación entre naturaleza y cultura donde la ideología del progreso ha generado una historia de colonialismo y explotación que sigue condicionando la forma de percibir la realidad y de sentirla.

Cambiarnos las gafas a través de las cuales miramos al mundo y conectar la experiencia interior con la actividad de la mente es una necesidad de la época. Vivimos un tiempo caracterizado por no saber responder adecuadamente al dolor de la tierra y de los demás seres vivos, y tenemos como reto principal sanar la separación entre naturaleza y cultura, entre materia y espíritu; entre la mente, el cuerpo y el corazón.

Intentar resolver aspectos como la economía, la ecología y los problemas sociales por separado no tiene sentido. Necesitamos resolverlo de raíz, resignificando una cosmovisión que le dé sentido a cómo nos entendemos en el mundo. Somos parte de esa transformación que recupera la visión ancestral de que todo está interconectado , en un tejido vital hecho de ritmos, ciclos y conciencia.

Una rueda que nos ayuda a volver a los ciclos naturales para entender qué lugar ocupamos en la complejidad del mundo.

La rueda es un símbolo de este aprendizaje, de esa reconexión colectiva con la naturaleza que somos. Una rueda que dibuja un círculo para volver a los ciclos naturales , en contraposición a la linealidad occidental, orientada a la productividad y al futuro. La cruz nos sitúa y mantiene vivas las conexiones entre lo más grande y lo más pequeño, a la vez que conecta la acción y la contemplación, y nos ayuda a entender qué lugar ocupamos en la complejidad del mundo.

No existe circunferencia sin centro. Cada parte de este ciclo, cada módulo, nos lleva de vuelta al centro, al origen, a la raíz, con el objetivo de transformarnos internamente y transformar, así, la forma de habitar el mundo.

Un ciclo introductorio donde aprendemos de la Tierra que somos ; éste es el significado de la ecosofía, volver a escuchar las voces del aire, del suelo, del fuego y del agua. Las voces de la tierra exterior y de la tierra interior.

“El arte (techné) de tratar la naturaleza es la Ecosofía:
la sabiduría de la Tierra misma”

Raimon Panikkar

EDUCAR PARA LA SABIDURÍA

¿Cómo sería una educación orientada a despertar la sabiduría?

Existe en nuestro interior una división entre el conocimiento y el amor. Entre lo que sabemos y lo que sentimos. Esta división interior nos aleja de lo que vemos con los ojos internos y nos aboca a obedecer las consignas mayoritarias. Educar hoy en día, jóvenes y adultos, pasa por contagiar una actitud amorosa hacia todas las cosas. Necesitamos silencio, desarrollar la percepción y la autenticidad a la hora de decir nuestra verdad para conectar con la propia voz y aprender a confiar en la experiencia interior. Seguir el propio camino, para conectarnos con los demás y la Tierra.

Estamos generando colectivamente, un nuevo relato civilizatorio, una cosmovisión. Es un momento excepcional que requiere darnos plenamente a la época, dar lo que cada uno puede aportar de forma única a esta transformación. Vivimos un nuevo comienzo.

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