El número y su significado oculto

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En el universo existe un orden establecido que abarca la totalidad de la creación, desde lo infinitamente pequeño hasta lo infinitamente grande. Todo en él es energía, vibrantes campos electromagnéticos en constante relación de interdependencia.

Los números representan este orden: la Ley del Cosmos . Ellos encarnan los principios universales eternos que la voluntad humana no puede modificar. Los dígitos del 1 al 9 simbolizan los estadios por los que debe pasar una idea antes de convertirse en realidad; toda manifestación resulta de esos nueve dígitos que emergen del 0, el vacío lleno de potencialidad, lo que es Todo y Nada a la vez: la Gran Matriz Universal.

Cada número guarda en su interior una vibración única que contiene información sobre los seres, las cosas, su relación y su evolución.
El lenguaje simbólico con el que se expresan los números es universal y nos conecta con la Inteligencia en mayúsculas que ordena y rige el entramado de la creación.

El número y el signo tienen distintos significados. El primero, el número, representa el valor cualitativo, invisible e intangible, que actúa en el plano simbólico, metafísico o espiritual de la existencia. Éste es el aspecto del que se ocupa la numerología. El segundo, el signo, es tangible y visible, representando cantidades. Actúa en el plano material, midiendo y ordenando las cosas en el espacio-tiempo. Ambos, número y signo, son dos aspectos de una única realidad.

La física cuántica lo puso en evidencia a principios del siglo pasado, al estudiar la materia y su movimiento en el ámbito del más pequeño: el átomo y las partículas subatómicas que lo componen. como partícula (signo, visible) . Ambos comportamientos coexisten y son uno en realidad.

Fueron los egipcios quienes canalizaron la vibración electromagnética de cada número y le pusieron nombre y grafía para manifestar su vibración.

Pitágoras, filósofo, músico, matemático y místico griego, considerado el padre de la numerología, aprendió de ellos ese conocimiento y, gracias a su escuela, nos ha llegado intacto hasta nuestros días.

Él fue quien estableció el código alfanumérico, el cual otorgaba a cada letra del alfabeto griego el valor numérico que le correspondía por compartir la misma frecuencia. Posteriormente, este código se fue aplicando a los distintos alfabetos.

Pitágoras conoció también que, en el universo, rige la ley de la armonía matemática: cada número forma parte de un sistema más amplio y armónico, un sistema que se replica a sí mismo generando un proceso evolutivo de carácter cíclico. Cada parte de este sistema tiene la misma estructura y valor energético que el conjunto total y evoluciona obedeciendo a patrones de crecimiento que se organizan en una forma de geometría sagrada (fractal). Así lo evidencia la serie o sucesión de Fibonacci o el número de oro, por ejemplo, ambas secuencias sustentan configuraciones biológicas y patrones de crecimiento como el que muestra la disposición de las hojas en el tallo, el crecimiento en la espiral de algunos moluscos o la estructura del ADN humano.

La numerología es el arte y la ciencia de descodificar y de interpretar el significado simbólico del número y la progresión ordenada de toda la manifestación.
Es señalada como una de las ciencias simbólicas más antiguas. Platón la consideraba el mayor grado de conocimiento y la esencia de la armonía cósmica e interior.

 

El mapa numérico personal

 

Ocultos en los números de nuestra fecha de nacimiento y del nombre completo se encuentran nuestras características biológicas, energéticas, psicoemocionales y espirituales, nuestros desafíos y potenciales a desarrollar, lo que hemos venido a aprender en este ciclo vital y cuáles son los recursos más poderosos de los que disponemos para alcanzar este aprendizaje acordado.

La fecha de nacimiento nos proporciona la pauta que sostiene la vibración de nuestro “Camino de Vida”, lo que hemos venido a aprender. En cambio, el nombre y apellidos recibidos al nacer, convertido en número, nos revela la vibración de nuestro “número de alma” “número de la personalidad externa” y “número de destino”.

También a partir del nombre completo accedemos al conocimiento de las características y comportamiento de cada uno de los aspectos que nos conforman y que están representados por los 9 dígitos que fundamentan nuestra singular “construcción”.

Cada número, del 1 al 9, representa un aspecto, un tipo de habitación dentro de este edificio que somos, destinado a albergar un arquetipo determinado, es decir, un modelo de comportamiento completo en sí mismo. Por ejemplo: el arquetipo masculino, el femenino, la libertad, el poder, etcétera.

 

Para empezar a rellenar el mapa de números es necesario aplicar previamente el código alfa numérico a nuestro nombre completo, es decir, es necesario otorgar a cada letra el número (es decir, la vibración) que le corresponde.

Sumando el valor numérico de cada una de las letras que se repiten en nuestro nombre, obtendremos un número determinado que nos revelará la forma con la que nosotros vivimos cada uno de los 9 arquetipos que nos conforma. Por ejemplo, las letras A, J, S, tienen un valor numérico 1. El arquetipo 1 simboliza el “yo soy”, aquello con lo que me identifico y por lo que soy reconocido. Sumando la cantidad de letras A, J, S, contenidas en nuestro nombre obtendremos la cifra indicativa de cómo nos reconocemos y vivimos en el arquetipo 1. Imaginemos que encontramos un total de 5 de estas letras. El significado oculto del número 5 nos revelará que nos identificamos y reconocemos como individuos aventureros, impulsivos, amantes de la libertad, del movimiento y del cambio.

Con este preciso equipaje numérico emprendemos un largo y apasionante viaje, que abarcará la totalidad de nuestro ciclo vital. Un viaje destinado a alcanzar el perfeccionamiento del ser que somos, enfocados fundamentalmente en los aspectos que hemos acordado integrar en un alma que desea, por encima de todo, el regreso al hogar; la conciencia de unidad.

En resumen, el mapa numérico aporta un valioso conocimiento sobre la calidad de las vibraciones energéticas que conforman nuestro punto de partida en el momento del nacimiento. La numeróloga Faith Javane hace referencia cuando afirma que estamos condicionados por la serie de vibraciones que se encontraban en activo cuando respiramos por primera vez .

La vibración de cada número fijado nos transmite información sobre ese bagaje, individual e intransferible, con el que iniciamos un recorrido, lleno de experiencias y retos, a través de las diferentes etapas que completan nuestro ciclo vital.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que este punto de partida vibracional orienta y condiciona, pero no determina nuestras acciones y decisiones, sobre todo a partir de una determinada edad, cuando hemos podido alcanzar un mínimo de capacidad de autosuficiencia y de independencia. Los números nos impulsan a evolucionar, a buscar hasta encontrar la plenitud de la armonía y el equilibrio de la vibración que representan.

 

La forma, la intensidad, el ritmo o la fluidez con que se despliega y se repliega este movimiento evolutivo está sometida al libre albedrío , calidad inherente a la conciencia humana.
Somos libres de buscar para encontrar, libres para despertar nuestra conciencia del sueño profundo en el que ha sido sumergida por eones, libres para decidir escuchar y priorizar el lenguaje del alma y seguir sus impulsos liberadores. En definitiva, somos libres para decidir hacernos responsables de nuestra propia vida, tomar las riendas de nuestro presente y, avanzar por el sendero de cada experiencia vivida hasta alcanzar la plena expansión de nuestro potencial más elevado.

El mapa numérico representa, en este sentido, una especie de hoja de ruta que nos guía a través del viaje. Algunos de los números que nos atraviesan nos revelarán las dudas y miedos que venimos a resolver y que limitan o bloquean la expresión de nuestra libertad de ser. Otros nos mostrarán nuestros recursos y potenciales y, al mismo tiempo, la naturaleza de nuestras resistencias al cambio. O incluso nos propondrán reflexiones, silencios, acciones o decisiones para facilitarnos la disolución de los patrones condicionantes y conseguir así nuestra mejor versión.

Las aplicaciones de la numerología son extensas y no es nuestra intención hacer un listado. Desde nuestro punto de vista lo más valioso que nos puede ofrecer es el conocimiento y la comprensión de quienes somos en realidad, de dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde vamos. La numerología, en este sentido, es una poderosa herramienta al servicio del autoconocimiento .

Otra función que nos parece fundamental y que está íntimamente relacionada con la primera es su aplicación en el ámbito de la salud consciente .

Somos responsables de nuestra propia vida y, por tanto, responsables de mantener el estado de salud que nos ha sido legado por el simple hecho de ser uno con la naturaleza, con la inteligencia una que regula el devenir de sus ritmos y ciclos. Pero es obvio que no podemos responsabilizarnos de lo que no conocemos.

Despertar al conocimiento de nuestra verdadera esencia implica tumbar la mirada hacia nuestro interior y recuperar la capacidad de escuchar y escucharnos, de poner la mente al servicio del corazón y de atrevernos a manifestar lo que sentimos.

La numerología nos propone vías para poder alinear nuestro pensar, sentir y hacer y conseguir un estado de equilibrio armónico como forma de vida. La paz y el silencio interno derivados de esa coherencia, harán posible que los mecanismos de autosanación recuperen su papel original como garantes del mantenimiento de un estado de salud consciente.

 

La eficacia de dichos mecanismos de autosanación sucumbe a los embates de los desequilibrios mentales y, sobre todo, emocionales. Guardamos memoria de nuestros propios traumas e impactos emocionales, pero también de los que heredamos a través de nuestro linaje. Los bloqueos invisibles, bien sean intensos o mantenidos en el tiempo, acaban proyectándose en determinadas áreas de nuestro cuerpo físico (nuestras zonas de menor resistencia a las que llamamos zonas de debilidad constitucional) generando tensiones, trastornos o enfermedades en cualquiera de los niveles en los que se expresa nuestra manifestación: físico, energético, mental, emocional y espiritual. Ésta es su manera de comunicarse, de hacerse visibles para que podamos conocerlos, atenderlos y liberarlos.

Cerramos este ensayo recuperando el punto de partida con que lo hemos empezado:

“Todo es número, todo es vibración”
(Pitagoras)

 

Texto: Ester Torrella Yagüe

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