Raúl Fornet-Betancourt es uno de los élders de Uniterra desde el principio. Ha sido impulsor de la filosofía intercultural en Europa, creando su primera cátedra en la Universidad de Bremen. Responsable de los Diálogos Norte-Sur y de los Congresos Internacionales de Filosofía Intercultural, es un referente del pensamiento decolonial en Europa y Latinoamérica. Recientemente ha creado la Escuela Internacional de Filosofía Intercultural con sede en Barcelona y es director y editor de la Revista de Filosofía Concordia desde 1982.
Su último libro “Con la autoridad de la melancolía: los humanismos y sus melancolías” es una reivindicación de la melancolía como estado del alma que conectándonos con la libertad humana actúa como antídoto de las servidumbres modernas. Hemos oportuno compartir algunas de las ideas clave que consideramos interesantes.
La melancolía , entendida como dice Raúl Fornet-Betancourt , es en estos momentos la actitud que hay que tener para encontrar el sentido a este tiempo de paro. Aprovechando que la naturaleza nos ha hecho entender cuál es nuestro lugar en el mundo, hacemos que este paro nos permita pensar cuál es el destino para la humanidad y no nos precipitamos a buscar remedios y alternativas pensadas en momentos en los que hemos estado inmersos en un pensamiento y una acción reactivas en las condiciones heredadas del sistema social y político imperante.
Las palabras de Raúl, cuando nos habla del aburrimiento, nos ayudan a entender esa dimensión melancólica tan mal considerada en la visión del ser humano actual. Ya que sólo se valora por la actividad, las posesiones y los logros que consigue sin poder responder a lo esencial de la naturaleza humana, que es el alma.
«El aburrimiento inquieta al ser humano al arrojarlo a un movimiento en el que no puede eludir la cita con su sí mismo y su relación con el tiempo». Verse obligado o forzado en el sentido de una presión que se deja sentir desde lo más hondo y, por tanto, también más propio de la existencia humana, que es precisamente el fondo de la (melancólica) libertad»(1).
Justamente porque esto nos lleva a “(…) la idea de que la libertad verdadera es expresión de la vivencia de la condición finita como condición melancólica (…) que no se hunde ni en la desesperación ni en la resignación, sino que, por el contrario, se viene movida a empeñarse en un actuar que puede resistir la tentación del activismo y así corresponder a lo más propio”.
Me gusta esta idea de aburrirse para descubrir quiénes somos desde nuestra condición finita , que tan difícil se nos hace aceptar en un mundo que busca la inmortalidad haciendo correr el tiempo sin atraparlo nunca. Y desde ahí, dejar que la vida hable. Me parece que la clave para vivir este momento está en recuperar la melancolía como una forma de sentir la profundidad del ser. Ésta es la medida de la verdadera libertad, decidir qué quiero hacer sabiendo quién soy y cómo puedo trascender y encontrar al otro en mí y yo misma en el otro .
Y esto nos lleva a decir con Raúl que “…la autoridad de la melancolía debe ser lletrejada en toda su intensidad, ya que está sostenida por las muchas y diversas memorias melancólicas en que el género humano ha guardado en los viveros propios de sus culturas y religiones las esperanzas de satisfer humanamente los anhelos del alma”(3).
Recuperar la melancolía significa conectar con nuestra historia , la de todos los seres humanos, tal y como hacemos las personas cuando entramos en crisis. Nos ponemos enfermos, nos deprimimos, y deteniéndonos podemos recurrir a nuestra memoria para entender en qué nos hemos desviado de nuestra esencia. Y nos recuperamos cuando podemos construir una forma de vernos a nosotros mismos más acordes con el mundo.
Ésta será la manera de sobrevivir a la crisis que estamos viviendo. La melancolía es una experiencia humana que nos aboca al otro, al proceso de “otrarse”, utilizando este neologismo tan bonito que utiliza Fernando Pessoa en el Libro del Desasosiego . Es cuando nos vemos en el Otro lo que descubrimos el sentido de la existencia y nos sentimos uno con todo lo que nos rodea .
Y es desde esa posición melancólica que encontraremos el lugar para establecer un diálogo con otras culturas como la única forma de hacer humanidad.
Texto: Anna Vilaseca
Bibliografía:
Fornet-Betancourt, Raúl “Con la autoridad de la melancolía. Los humanismos y sobre melancolías”.
(1) pág. 272
(2) pág. 275
(3) pág. 341
